<?xml version="1.0"?><!DOCTYPE rdf:RDF SYSTEM "http://dublincore.org/documents/2000/11/dcmes-xml/dcmes-xml-dtd.dtd"><rdf:RDF xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><rdf:Description about="https://revistaepe.utem.cl/articulos/los-enemigos-intimos-de-la-seguridad-en-iberoamerica/"><dc:title>Los enemigos íntimos de la seguridad en Iberoamérica</dc:title><dc:date>2023-03-20</dc:date><dc:date>2023-03-20</dc:date></rdf:Description><article><front><journal-meta><journal-title>Los enemigos íntimos de la seguridad en Iberoamérica</journal-title><issn>0719-3688</issn></journal-meta><article-meta><pub-date pub-type="pub"><day>20</day><month>03</month><year>2023</year></pub-date><volume>11</volume><numero>1</numero></article-meta></front><body><![CDATA[&lt;h4&gt;&lt;strong&gt;RESUMEN&lt;/strong&gt;&lt;/h4&gt;
&lt;p&gt;Este trabajo desarrolla algunas hip&oacute;tesis respecto de factores sociales y pol&iacute;ticos que inciden en la presencia sostenida de la delincuencia y el crimen en Iberoam&eacute;rica, reflexionando sobre sus particularidades, contexto e implicancias para los gobiernos y para la gobernanza en seguridad p&uacute;blica. Se describen estos factores como supuestos de investigaci&oacute;n, ya que influyen en la escasa capacidad de contener o de reducir la inseguridad, la violencia y la criminalidad. Estos factores inciden y tensionan a los pa&iacute;ses, erosionan los sistemas pol&iacute;ticos democr&aacute;ticos, debilitando el imperio de la ley y el estado de derecho. De manera figurativa se conciben como enemigos &iacute;ntimos de la seguridad, necesarios de identificar y estudiar, bajo la premisa de que el enemigo est&aacute; frente a nosotros sin que lo notemos y, por ende, examinarlos puede contribuir en proveer soluciones de mediano y largo plazo para revertir esta crisis regional de inseguridad y de Chile en particular.&lt;/p&gt;
&lt;h4&gt;&lt;strong&gt;ABSTRACT&lt;/strong&gt;&lt;/h4&gt;
&lt;p&gt;This work develops some hypotheses regarding social and political factors that affect the sustained presence of delinquency and crime in Ibero-America, reflecting on its particularities, context, and implications for governments and for governance in public security. These factors are described as research assumptions since they influence the limited capacity to contain or reduce insecurity, violence, and crime. They have an impact and stress countries, erode democratic political systems, weakening the rule of law and what is defined as &laquo;Estado de derecho&raquo;. In a figurative way, they are conceived as intimate enemies of security, necessary to identify and study, under the premise that &ldquo;the enemy is in front of us without us noticing it&rdquo; and, therefore, examining them can contribute to providing medium and long-term solutions. deadline to reverse this regional crisis of insecurity and of Chile in particular.&lt;/p&gt;
&lt;h4&gt;&lt;strong&gt;CONTEXTO CONTEMPOR&Aacute;NEO&lt;/strong&gt;&lt;/h4&gt;
&lt;p&gt;Latinoam&eacute;rica es la zona del mundo m&aacute;s azotada por la violencia y el crimen&lt;span id=&#039;easy-footnote-1-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-1-2297&#039; title=&#039;Seg&uacute;n el &Iacute;ndice de Paz Global, norte, centro y sur Am&eacute;rica son las regiones m&aacute;s violentas del planeta y, por ende, las menos pac&iacute;ficas, estando por sobre &Aacute;frica subsahariana o Asia Pac&iacute;fico (Instituto de Econom&iacute;a y Paz, 2021).&#039;&gt;&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;. La criminalidad &ndash;en sus diversas formas y manifestaciones&ndash; sigue creciendo y muy sostenidamente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. De hecho, la d&eacute;cada entre 2010 y 2020 fue una de las &eacute;pocas m&aacute;s violentas en esta regi&oacute;n (Cano y Rojido, 2017; Coimbra y Briones, 2019); es m&aacute;s, Nicaragua, Venezuela, M&eacute;xico, Honduras, Chile y Colombia, entre otros pa&iacute;ses, han visto aumentar sus niveles de incivilidad, delitos y crimen violento, influyendo en el alto nivel de inseguridad de la poblaci&oacute;n (Glenny, 2008; Instituto de Econom&iacute;a y Paz, 2021; Luz, 2014; Troncoso, 2016). Adem&aacute;s, 39 de las cincuenta ciudades m&aacute;s violentas del mundo se encuentran en Am&eacute;rica Latina y el Caribe (CCSP y JPAC, 2022).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El &iacute;ndice de Terrorismo Global de 2021 muestra que los tres pa&iacute;ses con mayor terrorismo en Iberoam&eacute;rica son: Colombia &ndash;posici&oacute;n 14&ordf; en el mundo (puntaje de 7.068)&ndash;, Chile &ndash;lugar 18&ordf; (puntaje de 6,496)&lt;span id=&#039;easy-footnote-2-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-2-2297&#039; title=&#039;Este informe registra en Chile 831 ataques y 11 muertes por terrorismo en la &uacute;ltima d&eacute;cada. Se&ntilde;ala que en 2021 el n&uacute;mero de ataques terroristas creci&oacute; a 362, de los cuales la mitad fue adjudicada por grupos extremistas del sur del pa&iacute;s.&#039;&gt;&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&ndash; y Per&uacute; &ndash;posici&oacute;n 36&ordf; (puntaje de 4,471)&ndash;. En efecto, de 163 pa&iacute;ses analizados a nivel global, estos tres est&aacute;n en los primeros lugares de la Regi&oacute;n, pues han visto recrudecer ataques terroristas en sus territorios, han contado v&iacute;ctimas fatales producto de atentados de grupos extremistas, compartiendo puestos con pa&iacute;ses caracterizados por el caos, el desgobierno y la insurgencia, como Siria, Burquina Faso o Chad (Instituto de Econom&iacute;a y Paz, 2022). En tanto, Colombia, M&eacute;xico, Honduras y Paraguay son los pa&iacute;ses con los mayores &iacute;ndices de crimen organizado de la Regi&oacute;n, debido a que poseen mercados y actores criminales activos y numerosos y poca resiliencia de sus instituciones para hacerles frente (Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional, 2021).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Adicionalmente, imperan en varios pa&iacute;ses de la regi&oacute;n decretos de Estados de Excepci&oacute;n Constitucional, dispuestos por sus gobernantes, mediante los cuales se permite a las Fuerzas Armadas participar en labores de orden p&uacute;blico, control del delito y combate contra el crimen organizado, evidenciando la poca capacidad de gesti&oacute;n que poseen los gobiernos y sus d&eacute;biles recursos e instrumentos en materia de seguridad y orden p&uacute;blico, por ejemplo, las fuerzas policiales, los sistemas de justicia y carcelarios. Per&uacute; ha recurrido a los militares para contener sus fronteras en torno al crimen organizado transnacional y Ecuador ha debido apelar a las Fuerzas Armadas para, primero, apaciguar (si esto fuera posible) la violencia en recintos penales y luego para cubrir amplias zonas del pa&iacute;s producto de una escalada de violencia letal. El caso de El Salvador es paradigm&aacute;tico, pues en marzo de 2022 su presidente recurri&oacute; a un estado de excepci&oacute;n que restringi&oacute; libertades de circulaci&oacute;n y de asociaci&oacute;n y ejecut&oacute; redadas y encarcelamientos masivos para dar un golpe a las maras y pandillas que llevaron a un crecimiento inigualable de los homicidios luego de una tregua entre la Mara Salvatrucha y la Mara Barrio 18; debido a ello los militares fueron llamados a intervenir. En Chile, durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o, han existido decretos de estado de excepci&oacute;n por delincuencia, crimen organizado e inmigraci&oacute;n irregular originado en un nivel de conmoci&oacute;n p&uacute;blica e inseguridad que llev&oacute; al gobierno en 2021 y 2022 a incorporar a los militares (ej&eacute;rcito y armada), primero en la Macrozona Sur (producto de la presencia de asociaciones il&iacute;citas insurgentes) y luego en la Macrozona Norte (debido a la crisis fronteriza y la inmigraci&oacute;n clandestina)&lt;span id=&#039;easy-footnote-3-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-3-2297&#039; title=&#039;Un nuevo decreto de Estado de Excepci&oacute;n Constitucional de Emergencia se puso en vigencia en mayo de 2022 para la Macrozona Sur (Diario Oficial, 17 de mayo de 2022).&#039;&gt;&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;. Estos ejemplos reflejan las limitadas capacidades institucionales de las polic&iacute;as para la criminalidad y las alteraciones al orden p&uacute;blico, pero tambi&eacute;n develan las crisis de otras entidades que forman parte del entramado de la seguridad p&uacute;blica, como los sistemas de inteligencia, el accionar de las agencias de migraciones o extranjer&iacute;a, aduanas, fiscal&iacute;a y otros, mermados en su accionar y sin las habilidades necesarias para enfrentar amenazas crecientes, transfronterizas, tecnologizadas y globales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cabe recordar que pa&iacute;ses como Ecuador, Chile, Colombia, Guatemala y Per&uacute; vivieron olas de protestas y de violencia callejera que movilizaron a miles de personas, pero que tambi&eacute;n generaron niveles de violencia y de desorden social inusitados (Poduje, 2020), desencadenando cambios gubernamentales, desplazando gabinetes enteros, dilapidando la aprobaci&oacute;n de presidentes, originando cambios normativos e incluso constitucionales&lt;span id=&#039;easy-footnote-4-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-4-2297&#039; title=&#039;Chile convoc&oacute; a una Convenci&oacute;n Constitucional (julio 2021-julio 2022).&#039;&gt;&lt;sup&gt;4&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;, provocando reformas profundas a las polic&iacute;as (Colombia y Chile), pero tambi&eacute;n gatillaron revisiones de las actuaciones de los gobiernos en materia de derechos fundamentales, una nueva comprensi&oacute;n de la protesta social y una renovada preocupaci&oacute;n por las v&iacute;ctimas de la violencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Complementaria a la preocupaci&oacute;n por el desorden p&uacute;blico y la incivilidad, que inciden en la percepci&oacute;n de inseguridad en cada uno de los pa&iacute;ses, los efectos de las mafias y de los grupos del crimen organizado que traspasan las fronteras y deterioran la vida cotidiana de las personas tambi&eacute;n juegan roles preponderantes en las sociedades actuales. Se ha comprobado la extensi&oacute;n del crimen organizado en torno al narcotr&aacute;fico: por una parte, en la Triple Frontera Norte (Honduras, El Salvador y Guatemala), con altas dosis de violencia urbana, sicariato, extorsi&oacute;n y un din&aacute;mico mercado de la droga (Glenny, 2008; Andrade, 2015); en la Triple Frontera Suratl&aacute;ntica (Argentina, Paraguay y Brasil) un fecundo terreno para el contrabando de marihuana y la influencia de poderosos c&aacute;rteles de la droga que crecen en estos pa&iacute;ses&lt;span id=&#039;easy-footnote-5-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-5-2297&#039; title=&#039;De hecho, en ambas triples fronteras del Cono Sur est&aacute; presente el Primer Comando Capital (PCC), mafia originaria de Brasil, agrupaci&oacute;n que si bien surgi&oacute; de las prisiones se transform&oacute; en una de las organizaciones criminales m&aacute;s grandes y poderosas de todo el continente americano (Samp&oacute; y Ferreira, 2020).&#039;&gt;&lt;sup&gt;5&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;, evidenciando la extensi&oacute;n de las megabandas y lo permeables de las fronteras ante la presi&oacute;n transnacional de estas entidades. De igual manera, est&aacute; al alza lo permeable de la Triple Frontera Cono Surpac&iacute;fico (Chile, Per&uacute; y Bolivia), con un alza en el desarrollo de actividades il&iacute;citas como el tr&aacute;fico de personas, tr&aacute;fico de armas y contrabando de bienes (Rocabado, 2012; Troncoso, 2016). Esto ha sido detectado por los cuerpos policiales y militares de los tres pa&iacute;ses, pero sin una actuaci&oacute;n en concordia para revertir el proceso&lt;span id=&#039;easy-footnote-6-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-6-2297&#039; title=&#039;En 2020 y 2021, pese a la pandemia por coronavirus, progres&oacute; el mercado criminal de la inmigraci&oacute;n irregular promovida por bandas, probablemente en conexi&oacute;n con El Tren de Aragua, actor internacional de crimen organizado conocido en Sudam&eacute;rica por liderar la trata de personas y las extorsiones, corrompiendo &ndash;en los territorios donde opera&ndash; a las fuerzas policiales y a funcionarios p&uacute;blicos (territorio boliviano), y vulnerando espacios y zonas, que quedan en sus manos.&#039;&gt;&lt;sup&gt;6&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;. Nada hace prever que este fen&oacute;meno pueda ser combatido ni reducido significativamente en el corto plazo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sobre la base de este diagn&oacute;stico general, la literatura y los hechos han demostrado que es posible identificar algunos factores estructurales que mantienen y agravan los problemas de violencia y de inseguridad en la regi&oacute;n. Estos factores generan efectos y secuelas que repercuten en el debilitamiento de la fuerza p&uacute;blica, en los sistemas de justicia, en el deterioro del imperio de la ley (rule of law) y el respeto irrestricto al estado de derecho (transparencia, participaci&oacute;n, igualdad ante la ley, separaci&oacute;n de poderes). A continuaci&oacute;n se describe brevemente la problem&aacute;tica securitaria actual iberoamericana y luego, en el siguiente cap&iacute;tulo, se detallan y analizan estos factores. Esto se realiza a partir de una revisi&oacute;n documental y bibliogr&aacute;fica, de car&aacute;cter comparado, provista por entidades p&uacute;blicas, informes policiales, reportes de gobierno, como tambi&eacute;n sobre la base de datos y estad&iacute;sticas oficiales, publicaciones y notas de investigaci&oacute;n y diversos testimonios. Esto permite lograr una aproximaci&oacute;n a esta realidad para evaluar su magnitud, sus caracter&iacute;sticas y factores determinantes, a partir de los conceptos definitorios considerados anteriormente.&lt;/p&gt;
&lt;h4&gt;&lt;strong&gt;PROBLEM&Aacute;TICA SECURITARIA ACTUAL&lt;/strong&gt;&lt;/h4&gt;
&lt;p&gt;Como se fundament&oacute; en las l&iacute;neas anteriores, el panorama en el continente es angustiante, de alarma, las personas sienten miedo, desconf&iacute;an de las instituciones, en especial de las polic&iacute;as y la justicia, viven en su d&iacute;a a d&iacute;a sometidos a la preocupaci&oacute;n constante de la delincuencia y muchos otros mueren ante un robo con fuerza, ante un asalto en sus hogares, otros en manos de sicarios, de cr&iacute;menes por encargo; hay quienes sufren amenazas, hostigamiento, usurpaciones, atentados de parte de grupos radicales violentos; hay muertes debido a la violencia letal entre bandas delictivas, ajusticiamiento, pero tambi&eacute;n fruto del descontrol y el desbande de la violencia callejera (las denominadas balas locas). Hay quienes sobreviven sometidos por la coacci&oacute;n de bandas locales, la extorsi&oacute;n, e incluso de los apremios ileg&iacute;timos de las fuerzas de seguridad o de paramilitares que debiendo dar orden y protecci&oacute;n cruzan los l&iacute;mites y vulneran el estado de derecho, en fin&hellip; En muchos pa&iacute;ses diversos agentes ejercen violencia de diverso tipo, f&iacute;sica y simb&oacute;lica, abuso de poder, evidenciando un escenario que resulta frustrante, incluso pesimista: el panorama de miedo y de muerte puede ser uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s dif&iacute;ciles de revertir o al menos de aminorar en esta regi&oacute;n debido a m&uacute;ltiples factores tanto estructurales (desigualdad, marginalidad, corrupci&oacute;n estatal, exclusi&oacute;n) como coyunturales (depresi&oacute;n econ&oacute;mica, emergencia de grupos radicales violentos, evoluci&oacute;n del mercado de la droga).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Detr&aacute;s de los efectos visibles por las personas, en t&eacute;rminos de alto temor al delito, criminalidad en las principales ciudades, presencia de bandas y mafias de crimen organizado, incremento de la violencia y sensaci&oacute;n de impunidad, existen procesos y fen&oacute;menos de car&aacute;cter global, pero de presencia local que impactan e influyen en los altos niveles de criminalidad del continente. En otras palabras, en las capas m&aacute;s subterr&aacute;neas de las sociedades iberoamericanas existe una serie de fen&oacute;menos propios de las sociedades modernas que est&aacute;n erosionando a las instituciones encargadas de dar seguridad y a su vez debilitando las estructuras que sosten&iacute;an, soportaban o proteg&iacute;an a las personas en materia de prevenci&oacute;n y contenci&oacute;n del delito. Estos fen&oacute;menos est&aacute;n siendo sometidos a presiones pol&iacute;ticas (por la creciente politizaci&oacute;n de la agenda de seguridad p&uacute;blica), a confusiones te&oacute;ricas e ideol&oacute;gicas, a falsificaciones e indefiniciones (doctrinas y variantes de mano dura o mano blanda frente al crimen, populismo penal, progresismo securitario, ingenier&iacute;a social, buenismo social, etc.), que debilitan a los gobiernos y los hacen inactivos frente a esta demanda y que perjudican a las entidades encargadas de la justicia y de la pol&iacute;tica criminal afectando a las sociedades en su conjunto. De esta forma, no pueden contener la criminalidad y carecen de herramientas para combatirla con responsabilidad, pluralismo, sentido com&uacute;n, prudencia, con base en el saber cient&iacute;fico y en la experiencia, usando las facultades del estado de derecho para imponer la ley y los controles formales e informales necesarios, provocando una severa crisis regional de seguridad. La seguridad, en suma, tiene enemigos &iacute;ntimos poderosos que act&uacute;an a veces sin que se noten sus influencias y, por tanto, no se toman medidas para hacerles frente. Dicho de otra forma, no se puede solucionar un problema que no se comprende.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La seguridad, como problema p&uacute;blico (o issue en sentido politol&oacute;gico) y como campo social (en sentido sociol&oacute;gico), est&aacute; en permanente tensi&oacute;n, debilitada, sometida a presiones mediante la interconexi&oacute;n de estos fen&oacute;menos de larga data, propio de las sociedades posmodernas. Los pa&iacute;ses est&aacute;n limitados para ejercer una adecuada gobernanza sobre los asuntos delictivos y criminales, lo que se agudiza en Iberoam&eacute;rica dada su tradici&oacute;n hist&oacute;rica, libertad reciente, altos niveles de pobreza, desigualdad. Con ciclos democr&aacute;ticos d&eacute;biles, largos per&iacute;odos autoritarios y con movimientos revolucionarios recurrentes, golpes de Estado y derrocamiento de reg&iacute;menes, irrupciones populistas v&iacute;a electoral y la toma del poder por parte de camarillas y facciones que han conducido a la conformaci&oacute;n de estados-naciones d&eacute;biles, sistemas pol&iacute;ticos defectuosos, el establecimiento de leyes laxas e irrespetadas y gobernantes corruptos que someten a sus pa&iacute;ses preocupados del bienestar de los suyos m&aacute;s no del bien com&uacute;n. Mej&iacute;as (2015) ha establecido una correlaci&oacute;n clara entre pa&iacute;ses donde el imperio de la ley es d&eacute;bil y los altos &iacute;ndices de violencia, como por ejemplo ocurre en Centroam&eacute;rica o Venezuela.&lt;/p&gt;
&lt;h4&gt;&lt;strong&gt;LOS ENEMIGOS &Iacute;NTIMOS DE LA SEGURIDAD&lt;/strong&gt;&lt;/h4&gt;
&lt;p&gt;Los enemigos &iacute;ntimos de la seguridad son fen&oacute;menos comunes a los pa&iacute;ses iberoamericanos, propios de su modo de ser o idiosincrasia y de su conformaci&oacute;n como sociedad, que, por un lado, facilitan o ampl&iacute;an la violencia y el crimen (factores disfuncionales a la seguridad) y, por otro lado, impiden o limitan el trabajo de las instituciones encargadas de frenar la violencia y el crimen (factores funcionales a la criminalidad). A continuaci&oacute;n, se desarrollan solo algunos, a modo de hip&oacute;tesis de investigaci&oacute;n, necesarios de profundizar y de desarrollar en otro espacio, con el fin de construir una teor&iacute;a robusta y m&aacute;s general, pero que deben ser abordados bajo la tesis admisible de que inciden de manera directa y evidente en el clima de inseguridad severo que atraviesan muchos pa&iacute;ses. Los elementos son: 1) la individualizaci&oacute;n de la sociedad, 2) el deterioro de la capacidad del Estado para intervenir, 3) las &aacute;reas grises del orden y la seguridad, y 4) la creciente tolerancia de la violencia. Cabe se&ntilde;alar que estos factores no son ni los &uacute;nicos ni tal vez los m&aacute;s importantes, probablemente existan otros elementos m&aacute;s incidentes que expliquen el delito moderno en la regi&oacute;n como las condiciones socioecon&oacute;micas y pol&iacute;ticas (la alta migraci&oacute;n o pobreza de la poblaci&oacute;n) o las deficientes pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en seguridad (habr&aacute; otros espacios donde extenderse en aquello), lo importante es identificar y comprender la presencia y la interconexi&oacute;n que estos cuatro factores, ya que la individualizaci&oacute;n y el deterioro estatal interact&uacute;an directamente y posibilitan el desarrollo de &aacute;reas grises, se nutren y crecen en conjunto, afectados a su vez por la creciente tolerancia a la violencia que es de larga data, adquiriendo cada d&iacute;a mayor notoriedad y fundamento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;a) Hip&oacute;tesis de la individualizaci&oacute;n&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El individuo lo es todo, es el principio y el fin. En el contexto de modernidad (Wagner, 1997) el individuo se situ&oacute; en el primer lugar como objeto social, como sujeto de inter&eacute;s; logr&oacute; desplazar r&aacute;pidamente a la comunidad, se puso al frente &ndash;opacando&ndash; al lazo social c&aacute;lido y cercano, pr&oacute;ximo y compartido y se erigi&oacute; como punta de lanza en el mundo artificial contempor&aacute;neo repleto de lazos sociales fr&iacute;os y lejanos; despoj&oacute; de relevancia al mundo compartido, como fue conocido durante principios del siglo veinte; el individuo y junto con &eacute;l sus necesidades, demandas, expectativas, temores, representaciones, mentalidades, deseos, se convirtieron en la prioridad exclusiva y excluyente; el mundo completo, al mismo tiempo que perdi&oacute; sus utop&iacute;as, termin&oacute; girando en favor del individuo como motor del progreso y todo se volc&oacute; en torno a &eacute;l. Luego, en condiciones de posmodernidad (Lipovetsky, 1986; 2007) el individualismo sigui&oacute; primando solo que con nuevas caracter&iacute;sticas globales como el nihilismo, la despreocupaci&oacute;n, el narcisismo; el individuo sigui&oacute; ahondando su rol principal en tiempos en que lo l&iacute;quido super&oacute; a lo s&oacute;lido (Bauman, 2005). Espect&aacute;culo, imagen, superficialidad, interconexi&oacute;n virtual, se han impuesto para cerrar el c&iacute;rculo de la revoluci&oacute;n individualista instalada profundamente en las mentalidades, en las tradiciones y en la organizaci&oacute;n de la actual sociedad. Ya no hay vuelta atr&aacute;s. La posmodernidad y el individuo son uno y la misma cosa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La llegada de las sociedades democr&aacute;ticas de masas, en medio de la &eacute;poca hipermoderna, como ha indicado Lipovetsky (2007), ha hecho muy dif&iacute;cil mantener un Estado fuerte, eficiente, leg&iacute;timo, probo, coercitivo frente a pr&aacute;cticas ilegales. Adicionalmente, la globalizaci&oacute;n &ndash;tanto por sus beneficios como por sus da&ntilde;os colaterales, como el crimen global&ndash; profundiz&oacute; la debilidad institucional estatal, la permea y la corroe creando &aacute;reas grises de debilidad y de inexistencia de la soberan&iacute;a estatal, multiplicando la presencia de actores al margen (como las mafias criminales). La globalizaci&oacute;n y, por cierto, el individualismo acelerado, erosionan y debilitan al Estado, pendi&eacute;ndole un poderoso freno a las posibilidades de lograr cohesi&oacute;n social, de retomar los lazos comunitarios, de lograr entendimiento, armon&iacute;a social, sumiendo a los individuos en procesos casi irreversibles de decadencia moral y descomposici&oacute;n social, puesto que el orden institucional es socavado desde dentro (Fukuyama, 2000; Bauman, 2002). Los narcotraficantes y los poderosos l&iacute;deres paramilitares, las pandillas juveniles y los dirigentes de grupos insurgentes crean una cultura y un clima social propio en las zonas que controlan, ejercen su dominio superando las l&iacute;mites nacionales y reproducen su poder como vencedores de la sociedad individualista, h&aacute;biles, astutos, capaces, millonarios, dominantes en los mercados m&aacute;s variados y capaces de capturar voluntades, operando dentro de la industria del crimen con altos grados de impunidad, pero tambi&eacute;n &ndash;en algunos casos&ndash; con apoyo popular (por ejemplo Sendero Luminoso en Per&uacute; o las FARC y el ELN en Colombia). El estilo de vida criminal se ha impuesto tambi&eacute;n como una opci&oacute;n para ni&ntilde;os, adolescentes, j&oacute;venes y adultos j&oacute;venes, parte medular del principio individualista actual, como un &lt;em&gt;efecto imitaci&oacute;n&lt;/em&gt;&lt;span id=&#039;easy-footnote-7-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-7-2297&#039; title=&#039;Esto ocurre de manera preferente en hombres j&oacute;venes, quienes son atra&iacute;dos a la subcultura de la violencia criminal, propia de pandillas, de grupos de tr&aacute;fico de drogas y del aprendizaje criminal transnacional visto y vivido en redes sociales, aprendida en su vida cotidiana y difundida en las inmediatas interconexiones reales y virtuales.&#039;&gt;&lt;sup&gt;7&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los individuos est&aacute;n inmersos en la sociedad de consumo y son obligados a representar una pluralidad de roles, a ajustarse a normas e incentivos apremiantes lo que los obliga a adaptarse o perecer: hay nuevas pr&aacute;cticas defensivas y elusivas frente a la criminalidad, las personas cambian sus rutinas y movimientos, generan nuevas formas de pensar su vida diaria ante la exposici&oacute;n al delito y la inseguridad en sus barrios y trayectos, hay des&oacute;rdenes depresivos y conductuales, mayor gasto p&uacute;blico y privado en protecci&oacute;n. La emergencia de la violencia y la criminalidad, de la incivilidad y de la coerci&oacute;n en el espacio p&uacute;blico son una presi&oacute;n constante para las personas y para los grupos sociales: seg&uacute;n la encuesta Latinobar&oacute;metro (2021), la violencia es uno de los problemas m&aacute;s graves de la regi&oacute;n y los pa&iacute;ses donde las personas perciben m&aacute;s violencia en las calles son Argentina (58%), Uruguay (56%) y Chile (56%).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El individuo es hecho responsable de su propia seguridad (as&iacute; lo han indicado las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os bajo el r&oacute;tulo: la seguridad es tarea de todos). Este eslogan tuvo no solo un problema conceptual, tambi&eacute;n pr&aacute;ctico: el Estado se ha desligado de su responsabilidad y la ha traslado al individuo. Es m&aacute;s, si el Estado ha fracaso en su labor esencial de brindar seguridad ha facilitado que otros actores emerjan y se hagan cargo, por eso la opini&oacute;n p&uacute;blica, los debates acad&eacute;micos y los especialistas a&uacute;n se preguntan: &iquest;qui&eacute;n es el responsable de la seguridad en la sociedad posmoderna?, &iquest;qui&eacute;n rinde cuentas ante el pueblo? Con injustas razones los individuos han tomado ese testimonio y se han hecho responsables de no sufrir violencia ni victimizaci&oacute;n. Los condominios aislados, las aplicaciones de p&aacute;nico en el celular, el encierro, las c&aacute;maras y drones de vigilancia, las casas convertidas en autoprisiones, la compra de armas, son manifestaciones de esta urgencia por la seguridad individualizada. La sociedad se convirti&oacute; en un grupo de &aacute;tomos de individuos, sin cuerpo colectivo y sin bien com&uacute;n. El individuo en el mundo posmoderno es un individuo en shock, un individuo preso de un sistema social al que debe hacer frente sin tener las herramientas y capacidades para ello, por tanto, muchas veces es superado por sus propias circunstancias. La violencia y la criminalidad &ndash;que est&aacute;n presentes en el mundo desde siempre&ndash; ampl&iacute;an las ef&iacute;meras condiciones humanas por la v&iacute;a de la inseguridad constante, agravada por condiciones nuevas: violencia juvenil, narcotr&aacute;fico, marginaci&oacute;n, nuevas armas, ciberamenazas a la vida cotidiana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Individualismo y violencia son la doble cara de un mismo s&iacute;ntoma. Es un enemigo de la seguridad porque es la regresi&oacute;n de la comunidad, de la solidaridad y de la sociedad de la confianza: el individuo aislado ya no trabaja por el bien com&uacute;n, m&aacute;s bien lo &uacute;nico que lo motiva es su bienestar personal, inmediato, hedonista, mezquino, sin mayor esfuerzo, apenas alguna que otra manifestaci&oacute;n espuria de convivencia, pasajera y fugaz. Desfavorablemente este proceso de individualizaci&oacute;n se ha acelerado. Es una diferenciaci&oacute;n creciente que motiva y obliga a que cada sujeto se haga cargo de s&iacute; mismo, autocontrolando su propia vida en medio de la presi&oacute;n securitaria. Los individuos crean sus modos de vida sitiados por el delito, ya sea bajo la presi&oacute;n de la experiencia directa de la victimizaci&oacute;n o por el simple miedo al delito. Ahora bien, este aceleramiento se palpa en lo siguiente: la sensaci&oacute;n de inseguridad que fue motor de investigaciones y de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas ha dado paso a la sensaci&oacute;n de desprotecci&oacute;n: no hay Estado ni soportes que ayuden porque, primero, hay un individuo retra&iacute;do y hedonista y, segundo, hay un Estado d&eacute;bil.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En suma, los individuos en diversos puntos del continente viven bajo presi&oacute;n, se protegen y se defienden, pero tambi&eacute;n asumen niveles de riesgo crecientes: entregan apoyo a las Fuerzas Armadas para que ayuden a las polic&iacute;as, ponen dinero para que las juntas de vigilancia privada posean armas, firman para que candidatos al gobierno lideren una guerra contra la delincuencia, apoyan medidas dr&aacute;sticas y extremas contra el crimen. Con todo esto, profundizan el deterioro estatal, que no puede desplegar un modelo de gobernanza centrado en el estado de derecho, invirtiendo en desarrollo social y controlando la corrupci&oacute;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;b) Hip&oacute;tesis del deterioro estatal&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Est&aacute; ampliamente acreditado a nivel mundial (Gambetta, 2007; Glenny, 2008; De la Corte y Gim&eacute;nez-Salinas, 2010) que una de las hip&oacute;tesis m&aacute;s contundentes es la que sostiene que el crimen y la delincuencia en alta magnitud es el resultado del fracaso del Estado-naci&oacute;n en su territorio, propiciando &ndash;mediante su deterioro o ausencia&ndash; sociedades an&oacute;micas y descontroladas, permitiendo que individuos y colectivos act&uacute;en fuera de la ley tomando el lugar abandonado por el Estado. De esta manera, el menoscabo progresivo y constante del Estado se refleja en que deja de cumplir las funciones elementales de vigilar y castigar, es decir, controlar, sancionar, prevenir, aplicar justicia, brindar protecci&oacute;n a sus ciudadanos. No cumple ni garantiza un derecho humano fundamental, consagrado en las orientaciones de Naciones Unidas: el derecho a la seguridad; en efecto, la seguridad es un derecho esencial, indelegable e irrenunciable del Estado&lt;span id=&#039;easy-footnote-8-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-8-2297&#039; title=&#039;De hecho, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sostiene: &ldquo;la seguridad se ve amenazada cuando el Estado no cumple con su funci&oacute;n de brindar protecci&oacute;n ante el crimen y la violencia social, lo cual interrumpe la relaci&oacute;n b&aacute;sica entre gobernantes y gobernados&rdquo; (CIDH, 2009).&#039;&gt;&lt;sup&gt;8&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;. Incluso Mej&iacute;as ha planteado que, en el caso iberoamericano, dado los niveles de violencia y corrupci&oacute;n extrema no existir&iacute;a tanta ausencia del Estado, sino m&aacute;s bien complicidad con actores criminales: &ldquo;no se trata de suponer que en la medida en que no hay Estado el crimen organizado pueda adquirir ese poder, pues no hay quien lo limite, sino que en realidad si tiene poder es porque el Estado lo protege&rdquo; (Mej&iacute;as, 2015, p. 82).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta tesis de que el Estado se ha vuelto incapaz, mediante su inacci&oacute;n o prescindencia, incluso acicateado por los poderes f&aacute;cticos del mundo criminal, sostiene que el desarrollo del crimen y el delito que impacta en las sociedades americanas y caribe&ntilde;as se da en un contexto de licuaci&oacute;n del aparato estatal, mediante su fragilidad e insuficiencia. Organizaciones y bandas criminales, carteles de drogas, las narcoguerrillas, pandillas juveniles y maras que han tra&iacute;do caos y desangramiento en toda la regi&oacute;n son actores que controlan amplios territorios, imponen su voluntad en las comunidades donde se instalan y est&aacute;n en confrontaci&oacute;n permanente con las instituciones republicanas. Estos agentes se apropian de espacios que el Estado ha dejado a su merced y entran con sus econom&iacute;as paralelas, con sus elementos simb&oacute;licos y f&iacute;sicos para capturar voluntades y apoyos, despliegan sus fuerzas y responden a las polic&iacute;as y a las leyes con m&aacute;s poder y violencia y cuando no lo logran corrompen y socavan al poder estatal. Estas organizaciones, peque&ntilde;as y grandes bandas, han desplegado recursos para crecer y rentabilizar a&uacute;n m&aacute;s sus negocios o lograr mayores beneficios a costa del orden pol&iacute;tico instituido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No se debe olvidar que, siguiendo toda esa fruct&iacute;fera tradici&oacute;n del contrato social (Hobbes, Locke, Rousseau, Rawls, entre otros ilustres), los estados son la &uacute;nica forma que tienen las sociedades para organizar y apaciguar a los grupos humanos y evitar que se aniquilen mutuamente. Los principales te&oacute;ricos del contrato social reconocen la paz y la seguridad como el piso m&iacute;nimo de la convivencia y es donde los individuos pueden vivir en armon&iacute;a. El Estado o Rep&uacute;blica es la &uacute;nica entidad dotada de legitimidad para cerrar el cerco de la violencia brutal y asesina en un contexto de civilizaci&oacute;n, superando al estado de naturaleza; en otras palabras, solo con esta instituci&oacute;n se puede lograr que las relaciones entre los individuos dejen de ser por la fuerza y se ordenen por medio del derecho, las normas y los contrales formales e informales. En suma, el entendimiento entre los humanos se logra solamente en el Estado que permite la seguridad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Colombia, Brasil, Bolivia, El Salvador, Guatemala y M&eacute;xico poseen caracter&iacute;sticas sociales, geogr&aacute;ficas y clim&aacute;ticas que han favorecido la aparici&oacute;n de organizaciones relacionadas con el crimen organizado y al negocio trasnacional de la droga y son ejemplos de un contexto donde el Estado no ha logrado organizar ni pacificar a los grupos humanos en vastos espacios de sus territorios. Sus estados no han logrado imponer la ley ni el control en amplias zonas (Oyarvide, 2011; Carre&oacute;n, 2012; Rocabado, 2012). Las fronteras, que son de suyo permeables, en algunos puntos son tierra de nadie, m&aacute;s bien tierra f&eacute;rtil para organizaciones que lucran con el contrabando, la trata de personas y el comercio de drogas. Paraguay y Brasil, Bolivia y Chile, Venezuela y Colombia tienen en sus lindes compartidos actores criminales que compiten por mercados como la inmigraci&oacute;n irregular, la explotaci&oacute;n sexual, la esclavitud, el comercio de bienes robados (Troncoso, 2016). Pero tambi&eacute;n dentro de estos pa&iacute;ses hay grupos urbanos y conurbanos, sectores de poblaci&oacute;n, donde el delito com&uacute;n y corriente convive con el delito cada vez m&aacute;s organizado, que se ha instalado sin mayor resistencia de parte de la fuerza p&uacute;blica y de parte de los mismos ciudadanos que han ca&iacute;do en sus redes, padecen miedo y sufren la violencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hait&iacute;, acaso el pa&iacute;s m&aacute;s corrupto y pobre de Am&eacute;rica, tiene en la actualidad una ardua disputa en su territorio de mafias criminales enfrentadas entre s&iacute; que quieren controlar el poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico luego del asesinato de su presidente en 2021&lt;span id=&#039;easy-footnote-9-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-9-2297&#039; title=&#039;En la madrugada del mi&eacute;rcoles 7 de julio de 2021, el presidente de Hait&iacute;, Jovenel Mo&iuml;se, fue asesinado en su residencia particular luego de que un grupo de mercenarios armados le disparara 12 tiros con armas de alto calibre. Actualmente, las bandas delincuenciales intentan controlar zonas del pa&iacute;s, fruto de este vac&iacute;o de poder, logrando como consecuencia un aumento en los asesinatos, hurtos y secuestros.&#039;&gt;&lt;sup&gt;9&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;. Territorios completos de M&eacute;xico no poseen control ni libertad, pues est&aacute;n al arbitrio de los c&aacute;rteles de la droga y de pol&iacute;ticos corruptos. Nicaragua se ha convertido en un gobierno autoritario que suprime libertades y encarcela a los oponentes. Venezuela tiene un estrecho c&iacute;rculo gobernante de car&aacute;cter autoritario que ha hecho caer a su pa&iacute;s en la miseria y en la violencia, y que, si bien controla la mayor&iacute;a de las instituciones democr&aacute;ticas, reduce la transparencia e independencia del Estado y oblig&oacute; a la mayor di&aacute;spora en d&eacute;cadas de sus conciudadanos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;c) Hip&oacute;tesis de las &aacute;reas grises de la seguridad&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al amparo de los factores de la individualizaci&oacute;n posmoderna y el consiguiente deterioro de la capacidad estatal emerge otro eficaz enemigo: las &aacute;reas grises, o sea, materias (conceptos, normas) o zonas (espacio f&iacute;sico, ambiente) que no son ni completamente seguras ni completamente inseguras, debido a que es muy dif&iacute;cil definir fronteras n&iacute;tidas entre el campo de lo p&uacute;blico y de lo privado. Es un espacio de indefinici&oacute;n, que fue o quiso ser promotor de seguridad, pero termina siendo, probablemente, contraproducente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Colombia es un claro ejemplo, su historia reciente muestra el surgimiento de actores no estatales que ven&iacute;an a fortalecen la seguridad, pero que prontamente se transformaron en disfuncionales y, por tanto, en reproductores de la violencia. En efecto, el caso paradigm&aacute;tico fue el grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), surgido para dar seguridad, pero que devino en grupo violento, se formaron para defenderse de vigorosos grupos criminales, pero luego derivaron en uno m&aacute;s (Garc&iacute;a, 2016). Esto tambi&eacute;n ha ocurrido en otros pa&iacute;ses. Por otra parte, los guardias privados o las organizaciones vecinales de vigilancia son manifestaciones de las &aacute;reas grises: dan seguridad y ayudan localmente, pero tambi&eacute;n pueden dar inseguridad, erosionando y debilitando la seguridad p&uacute;blica al momento de corromperse, de actuar al margen de la ley, de entregar un servicio desigual e injusto. En todo el continente hay grupos de seguridad privados, desde mercenarios hasta empresas tecnol&oacute;gicas de ciberseguridad, que crecen y se transforman en un problema complejo. En algunos lugares estas entidades operan masivamente y seg&uacute;n datos disponibles ha crecido la violencia (homicidios, mercado ilegal de armas, extorsi&oacute;n). Adem&aacute;s, hay una pluralidad de proveedores de seguridad en el continente que superan la cantidad de miembros de la polic&iacute;a, algunos tienen ramificaciones que apoyan a grupos delictivos, no son del todo bien fiscalizados y supervisados por el Estado. De acuerdo con Salas Oro&ntilde;o: &ldquo;En todo el continente hay aproximadamente 2,4 millones de personas empleadas en las m&aacute;s de 16.000 empresas militares y de seguridad privada; en algunos pa&iacute;ses superan 4 a 1 (Brasil, M&eacute;xico y Colombia) al n&uacute;mero de polic&iacute;as&rdquo; (Salas Oro&ntilde;o, 2021, p&aacute;rr. 10). Clientes con mayor poder econ&oacute;mico pueden comprar estas prestaciones marginando y empobreciendo a otros sectores de la poblaci&oacute;n, siendo que este servicio deber&iacute;a ser suministrado por el Estado&lt;span id=&#039;easy-footnote-10-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-10-2297&#039; title=&#039;Hay decenas de compa&ntilde;&iacute;as de seguridad trasnacionales y cientos de empresas en el continente que trabajan para los gobiernos y para altos ejecutivos y empresas. Las crisis de Hait&iacute;, Afganist&aacute;n o Irak son ejemplos de su labor. Para algunos son un peligro para la democracia, pero para otros son un apoyo invaluable pues llegan donde las polic&iacute;as y los ej&eacute;rcitos nacionales no son capaces de imponer su fuerza.&#039;&gt;&lt;sup&gt;10&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;. En suma, es un enemigo &iacute;ntimo porque no se lo ve completamente claro, pero act&uacute;a en las sombras de la legalidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En M&eacute;xico actualmente hay bandas criminales que por un lado reciben el apoyo de las comunidades locales porque han tra&iacute;do orden y respeto (fuera de la acci&oacute;n estatal), pero que paralelamente sufren violencia, coerci&oacute;n, hostigamiento y los obligan a trabajos forzados (Ram&iacute;rez-de-Garay y Rom&aacute;n, 2017). En el sector agr&iacute;cola de El Aguaje, Michoac&aacute;n, hay grupos organizados que provocan incendios para eliminar el trabajo de campesinos, agricultores y comunidades locales y obtener esos territorios para sus mercados de la droga; talan &aacute;rboles hist&oacute;ricos, obligan al desplazamiento forzado de zonas rurales y disputan esos sectores con los militares mexicanos en verdaderas operaciones de limpieza social. Huertos y campos son incendiados por miembros de los c&aacute;rteles de la droga que luchan con c&aacute;rteles rivales para conseguir m&aacute;s tierras, y donde la fuerza p&uacute;blica est&aacute; ausente. Esta &aacute;rea gris ha contado con apoyo de la comunidad local puesto que sin existir la presencia de Estado los grupos criminales dan las reglas, los castigos y las recompensas, incluso tienen mayor apoyo que polic&iacute;as o el ej&eacute;rcito; un campesino de la zona declara: &ldquo;[&hellip;] el pueblo se sent&iacute;a m&aacute;s seguro con el c&aacute;rtel de Jalisco [&hellip;] no nos gustan, pero nos gusta menos el Gobierno&rdquo; (The New York Times, 30 de mayo de 2022). La literatura tambi&eacute;n denomina gobernanza criminal a este fen&oacute;meno en el que actores violentos no estatales crean reglas, imponen normas, impuestos y servicios, creando una autoridad distinta al monopolio tradicional del Estado. Estas &aacute;reas son espacio de gobernanza h&iacute;brida en que otros actores desaf&iacute;an la gobernanza estatal por un largo per&iacute;odo, hay control de mercados il&iacute;citos como las drogas, pero tambi&eacute;n impera un recio control social. En suma, estas &aacute;reas grises ser&aacute;n entidades vacuas como las juntas vecinales de vigilancia o fuertes y permanentes como los &lt;em&gt;ronderos&lt;/em&gt;&lt;span id=&#039;easy-footnote-11-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-11-2297&#039; title=&#039;Las Rondas Campesinas, originarias de Cajamarca, Per&uacute;, pero extendidas a otras zonas del pa&iacute;s, surgieron como una experiencia de lucha contra Sendero Luminoso en los a&ntilde;os ochenta y noventa del siglo veinte. Resistencia que se transform&oacute; en una nueva concepci&oacute;n de justicia comunitaria que est&aacute; presente en la actualidad (Acu&ntilde;a, 2019), la que de todas maneras se puede concebir como una justicia al margen o en los m&aacute;rgenes del Estado.&#039;&gt;&lt;sup&gt;11&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt; o las empresas de seguridad. Incluso algunas de ellas est&aacute;n vinculadas con entidades sociales tradicionales o comunitarias, que tienen como objetivo principal dar seguridad, pero que luego pueden escalar a la b&uacute;squeda de poder, de lucro, transformarse y perder su meta original y caer en manos de la corrupci&oacute;n; es m&aacute;s, pasan a convertirse en un enemigo m&aacute;s de la seguridad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;d) Hip&oacute;tesis de la tolerancia a la violencia&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La historia latinoamericana es f&eacute;rtil en proveer a los pa&iacute;ses de l&iacute;deres y dirigentes perniciosos y corruptos, que empiezan avivando la violencia contra sus oponentes, tolerando la divisi&oacute;n en la vida pol&iacute;tica y social, excluyendo a los que piensan distinto y terminan cometiendo acciones filo delictuales o propiamente criminales (como el caso Odebrecht con expresidentes tras las rejas)&lt;span id=&#039;easy-footnote-12-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-12-2297&#039; title=&#039;El caso Odebrecht, de corrupci&oacute;n pol&iacute;tica al m&aacute;s alto nivel, involucr&oacute; sobornos, extorsiones y fraudes, con participaci&oacute;n acreditada de empresarios y pol&iacute;ticos de Brasil, Per&uacute;, Venezuela, Argentina, Ecuador, Guatemala y M&eacute;xico, entre otros: &ldquo;es posible confirmar que en algunos casos las alianzas pol&iacute;ticas como las conformadas desde Brasil con Per&uacute; y Venezuela fueron bastante productivas para la constructora. En &uacute;ltima instancia, la constructora Odebrecht supo leer las oportunidades en procesos electorales, como el del presidente Maduro de Venezuela o el expresidente Kuczynski de Per&uacute;&rdquo; (Yuhui, 2021, p. 258). Maduro habr&iacute;a recibido 35 millones de d&oacute;lares de parte de esta empresa para las elecciones de 2013.&#039;&gt;&lt;sup&gt;12&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este hecho muchas veces es pasado por alto a la hora de estudiar las democracias del continente, pero a&uacute;n m&aacute;s cuando se estudian los problemas de inseguridad y criminalidad. En efecto, se examinan extensamente las variables sociales, en donde la literatura abunda, pero escasamente se examinan las variables netamente pol&iacute;ticas como los liderazgos pol&iacute;ticos, partidos y movimientos y sus actitudes c&iacute;vicas, o grado de compromiso con los valores democr&aacute;ticos. Un valor esencial de la democracia es el rechazo a toda forma de violencia. Levitsky y Ziblatt (2018) han se&ntilde;alado que los pa&iacute;ses deben abordar este problema pasado por alto por los estudiosos de la materia: revertir la tolerancia a la violencia en la sociedad, en gobernantes y en gobernados. Hay gobernantes, y seguidores de estos, que simpatizan, romantizan y justifican acciones violentas en determinados contextos pol&iacute;ticos y sociales, bajo la justificaci&oacute;n de que es una reacci&oacute;n a otra violencia (estructural o sist&eacute;mica&lt;span id=&#039;easy-footnote-13-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-13-2297&#039; title=&#039;Para mayor ahondamiento sobre la tesis de violencia estructural est&aacute; la conocida postura de B&ouml;hm (2015).&#039;&gt;&lt;sup&gt;13&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;). Hip&oacute;tesis cuestionable pero que ha sido enarbolada por te&oacute;ricos de amplio rango y que puede ser abordada en una investigaci&oacute;n aparte; no obstante, un ejercicio comparado puede entregar mayores luces: la revoluci&oacute;n sandinista y el r&eacute;gimen venezolano bajo el domino de Nicol&aacute;s Maduro muestran a una elite que ha fomentado la tensi&oacute;n, la divisi&oacute;n e incluso ha permitido el desbande de la criminalidad y promovido nuevas formas de crimen organizado. En Nicaragua los grupos de represi&oacute;n se multiplicaron desde 2020 en adelante y existen desapariciones y asesinatos no registrados por la polic&iacute;a. Las fuerzas paramilitares sandinistas, que act&uacute;an al margen de la ley pero con apoyo pol&iacute;tico de los gobernantes, reprimen y persiguen a opositores. Son fuerzas de seguridad estatales que bajo la excusa de la seguridad socavan las instituciones democr&aacute;ticas y fomentan la violencia. El r&eacute;gimen Ortega-Murillo ha aplicado acciones de represi&oacute;n a oponentes y a quienes consideren sus enemigos (incluyendo obispos, defensores de derechos humanos y l&iacute;deres sociales), dejando un saldo cuantioso de fallecidos, heridos, de presos pol&iacute;ticos y miles de nicarag&uuml;enses desplazados forzosamente a otros pa&iacute;ses, en el marco de una pol&iacute;tica de represi&oacute;n gubernamental calificada como &ldquo;el uso desproporcionado y letal de la fuerza estatal como principal mecanismo de gobierno&rdquo; (Monte y G&oacute;mez, 2020, p. 2). Por otro lado, seg&uacute;n Gabald&oacute;n en Venezuela el r&eacute;gimen de Maduro ha permitido espacios para que otros actores impongan sus reglas paraestatales fragmentando a las instituciones encargadas: &ldquo;La expansi&oacute;n de la violencia privada o privatizada por el mismo Estado, cuando permite grupos armados [&hellip;] podr&iacute;a generar, al final, una escalada de la violencia del Estado cuando se procura restringir lo que en un primer momento se dej&oacute; expandir&rdquo; (Gabald&oacute;n, 2016, p. 648).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora bien, en varios pa&iacute;ses esta tolerancia a la violencia ha logrado radicarse en la poblaci&oacute;n. En Chile, seg&uacute;n la Encuesta de Espacio P&uacute;blico e Ipsos (2020) los consultados indicaron que &ldquo;es v&aacute;lido que la ciudadan&iacute;a haga barricadas para expresar sus demandas&rdquo;, afirmaci&oacute;n que cuenta con un 49% de apoyo de la poblaci&oacute;n (no obstante, sube al 70% el apoyo en j&oacute;venes entre 18 y 29 a&ntilde;os), adem&aacute;s, el 48% de los encuestados respald&oacute; la afirmaci&oacute;n: &ldquo;Todo proceso de cambio requiere alg&uacute;n grado de violencia&rdquo; (apoyo que sube a 66% en mismo segmento joven). Tambi&eacute;n, seg&uacute;n esta misma encuesta, hay grados de apoyo a la quema de infraestructura p&uacute;blica, como el Metro o edificios, y a los saqueos, ello con el prop&oacute;sito de llamar la atenci&oacute;n de las autoridades. Para una buena parte de la poblaci&oacute;n durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os las acciones de protesta callejera y en el espacio p&uacute;blico ha dejado una estela de inseguridad y de violencia dif&iacute;cil de superar. Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, tambi&eacute;n seg&uacute;n Espacio P&uacute;blico e Ipsos (2022), el 76% de los encuestados reconoci&oacute; que los chilenos viven en una sociedad violenta. Seg&uacute;n Latinobar&oacute;metro (2021) en diez pa&iacute;ses de la regi&oacute;n el 50% (o m&aacute;s) de la poblaci&oacute;n est&aacute; de acuerdo con las protestas, y espec&iacute;ficamente Paraguay (84%), Chile (71%) y Per&uacute; (65%) son los pa&iacute;ses donde hay una mayor disposici&oacute;n a protestar. Esto muestra que, si bien sigue siendo importante la participaci&oacute;n electoral, mediante el voto, tambi&eacute;n se acepta salir a las calles a protestar, sobre la base de un extendido desencanto con la pol&iacute;tica y una necesidad urgente de soluci&oacute;n a los problemas p&uacute;blicos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Levitsky y Ziblatt la violencia es la antesala del quiebre de las democracias. La violencia, que es amparada por l&iacute;deres pol&iacute;ticos, incluso electos democr&aacute;ticamente, logra &ndash;casi sin ser percibida&ndash; suprimir proyectos alternativos y vaciar gradualmente a los pa&iacute;ses de sus condiciones democr&aacute;ticas convirti&eacute;ndolas en seudorreg&iacute;menes democr&aacute;ticos que perpet&uacute;an a una clase pol&iacute;tica en el poder, seduciendo y dominando a sus gobernados, controlando voces cr&iacute;ticas. De acuerdo con los autores, las democracias est&aacute;n permanentemente sometidas a este factor, lo que deber&iacute;a ser revertido &ndash;antes de caer en el autoritarismo&ndash; mediante un esfuerzo completo de la sociedad, empezando por la educaci&oacute;n c&iacute;vica, por aceptar las reglas del juego y no cambiarlas en favor de la clase dominante o minor&iacute;a circunstancial. En 2020 el expresidente Evo Morales fue imputado por la Fiscal&iacute;a de Bolivia por terrorismo y por financiamiento del terrorismo. En 2020 en Ecuador fue condenado el expresidente Rafael Correa a ocho a&ntilde;os de prisi&oacute;n por corrupci&oacute;n por un caso de soborno ocurrido entre 2012 y 2016. Producto de la crisis institucional, Per&uacute; ha tenido seis presidentes en cinco a&ntilde;os. Francisco Flores, expresidente de El Salvador (entre 1999 y 2004) fue enjuiciado por lavado de dinero y enriquecimiento il&iacute;cito. &laquo;Lula&raquo; Da Silva, en Brasil, fue condenado a m&aacute;s de nueve a&ntilde;os de prisi&oacute;n por corrupci&oacute;n y lavado de dinero. En Guatemala, en junio de 2022, su ahora expresidente Otto P&eacute;rez fue acusado por la Fiscal&iacute;a de ser uno de los l&iacute;deres de una organizaci&oacute;n criminal conocida como La L&iacute;nea, implicada en el cobro de sobornos a empresarios. En Honduras, en 2022, el expresidente de ese pa&iacute;s, Juan Orlando Hern&aacute;ndez, fue extraditado a Estados Unidos acusado por narcotr&aacute;fico y tr&aacute;fico de armas de fuego. Estos son tan solo algunos ejemplos de la f&eacute;rtil provisi&oacute;n de l&iacute;deres y dirigentes actuando al margen o m&aacute;s all&aacute; de la ley&lt;span id=&#039;easy-footnote-14-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-14-2297&#039; title=&#039;Si bien no se debe desconocer que la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica es un arma usada por la clase pol&iacute;tica del continente (usada por unos contra otros de variado signo pol&iacute;tico), los procesos contra estos l&iacute;deres han sido llevados a cabo por poderes independientes, sobre la base de sentencias judiciales y muchas veces con apoyo de organismos internacionales.&#039;&gt;&lt;sup&gt;14&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;. Hay gobiernos que le dan combustible, perdiendo todo pudor, al motor de las organizaciones criminales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Frenar la tolerancia o el aliento de la violencia de parte de los ciudadanos es una tarea de largo alcance, pero limitar la permisividad de los gobernantes es quiz&aacute;s imposible. Acaso sea cuesti&oacute;n de sabidur&iacute;a, de fortaleza moral, de criterio o de sentido com&uacute;n para las personas que ocupan puestos de responsabilidad, pero tambi&eacute;n es tarea de la ley, del sistema de justicia y de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica que debiese actuar con valor y unidad nacional. No se debe olvidar la combinaci&oacute;n de individualismo m&aacute;s debilidad estatal y tolerancia a la violencia para visualizar un laberinto del cual es dif&iacute;cil de salir. Los pa&iacute;ses iberoamericanos resaltan por una dirigencia pol&iacute;tica que, mostr&aacute;ndose como paladines de los m&aacute;s necesitados, practican abuso de poder, revanchismo, persiguen a opositores y se convierten en facilitadores de la violencia. Las elites que se disputan el poder usan la violencia soterrada o visible para mantenerse en sus posiciones de privilegio. &iquest;C&oacute;mo revertir esta tendencia que ya es end&eacute;mica? Las respuestas se hacen insuficientes dada la magnitud del problema.&lt;/p&gt;
&lt;h4&gt;&lt;strong&gt;CONSIDERACIONES&lt;/strong&gt;&lt;/h4&gt;
&lt;p&gt;Los enemigos &iacute;ntimos de la seguridad son adversarios vigorosos, pero analizados en conjunto pueden ser imbatibles. Un Estado d&eacute;bil, deslegitimado y sin autoridad para imponer la ley, concede extensas &aacute;reas grises, donde no hay responsables ni gobernabilidad, donde todo queda en manos de individuos que intentan sortear la presi&oacute;n por la seguridad y lo hacen con sus propias herramientas y saberes, desarrollando capacidades individuales para enfrentar este desaf&iacute;o actual, sin ayuda ni de gobiernos ni de dirigentes, que forman parte de la crisis de violencia, incapaces de respetar los derechos fundamentales y las libertades m&aacute;s b&aacute;sicas, y que por lo mismo no respetan ni hacen cumplir la ley de su pa&iacute;s. Las perspectivas son pesimistas: la violencia se ahonda, la subcultura delictual crece y la muerte criminal continua con m&aacute;s fuerza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los pa&iacute;ses deben dar justa importancia al imperio de la ley para contener la criminalidad, revirtiendo la descomposici&oacute;n policial o trabajando para reducir los altos niveles de violencia que se producen en un contexto de extrema corrupci&oacute;n en los niveles m&aacute;s altos de los gobiernos, frenando con inteligencia y anticipaci&oacute;n a los capos de la droga, actuando en conjunto con el resto de los pa&iacute;ses, en el marco de una seguridad regional transnacional, incorporando tecnolog&iacute;a y capacitaci&oacute;n en nuevas amenazas y crimen global en cada funcionario p&uacute;blico que forma parte del sistema de seguridad p&uacute;blica. El gran desaf&iacute;o no se trata solo de que se cumpla la ley tambi&eacute;n implica empoderar a los gobiernos nacionales y locales para derribar las fuerzas de la corrupci&oacute;n enquistadas en las instituciones. Implica, aunque resulte obvio, educar a la poblaci&oacute;n en principios y valores democr&aacute;ticos y republicanos, en una cultura de paz y de convivencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Chile tiene una deuda pendiente en estos cuatro factores elementales. Tal como lo afirma la Fiscal&iacute;a Nacional en su informe 2021: &ldquo;Se observa como tendencia el notorio aumento de la capacidad de producci&oacute;n de drogas en suelo chileno, y como amenaza, el involucramiento en este proceso, de poderosas organizaciones criminales extranjeras&rdquo; (Ministerio P&uacute;blico de Chile, 2021, p. 23). Por mucho tiempo existi&oacute; una sensaci&oacute;n ambiente de que el pa&iacute;s se acercaba a los pa&iacute;ses desarrollados europeos, b&aacute;sicamente por sus indicadores socioecon&oacute;micos; sin embargo, en materia de conflictividad, crimen e inseguridad Chile es mucho m&aacute;s parecido a sus vecinos. Actualmente, la tasa de homicidios es similar a la de pa&iacute;ses de Centroam&eacute;rica, como tambi&eacute;n se ha incrementado notablemente la incautaci&oacute;n de drogas y crecido el delito de secuestros&lt;span id=&#039;easy-footnote-15-2297&#039; class=&#039;easy-footnote-margin-adjust&#039;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&#039;easy-footnote&#039;&gt;&lt;a href=&#039;#easy-footnote-bottom-15-2297&#039; title=&#039;Seg&uacute;n el Bolet&iacute;n Anual del Ministerio P&uacute;blico: en 2015 hubo 1.693 homicidios, en 2017 registr&oacute; 1.776 y en 2021 creci&oacute; a 2.427; en tanto, por delito de infracci&oacute;n a la ley de drogas: hubo 23.827 casos en 2015, luego 25.414 en 2017 y aument&oacute; en 2021 a 56.107. Adem&aacute;s, seg&uacute;n datos de Aupol de Carabineros, la cantidad de casos de secuestros a nivel pa&iacute;s es de 173 entre enero y mayo de 2022. La mayor cantidad de secuestros ocurri&oacute; en la regi&oacute;n Metropolitana, despu&eacute;s Valpara&iacute;so, Biob&iacute;o y en cuarto lugar Antofagasta. La mayor parte corresponder&iacute;a, preliminarmente, a la narcoextorsi&oacute;n entre bandas rivales.&#039;&gt;&lt;sup&gt;15&lt;/sup&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta similitud con los pa&iacute;ses del barrio es algo evidente debido a factores culturales y geogr&aacute;ficos, pero lo m&aacute;s importante, se explica por la d&eacute;bil estructura estatal (sin recursos, ni flexibilidad, ni tecnificaci&oacute;n, ni capital humano competente, ni abordaje gubernamental como primera prioridad pa&iacute;s) y tambi&eacute;n por una sociedad que forma parte de la din&aacute;mica individualista de los pa&iacute;ses m&aacute;s globalizados del orbe, que acrecienta sus espacios grises en materia de seguridad mediante el aumento de la seguridad privada, una reducci&oacute;n de las capacidades de sus fuerzas de orden, la emergencia de grupos guerrilleros separatistas, la debilidad del imperio de la ley en el territorio, la escasa capacidad de anticipaci&oacute;n de las instituciones frente a las amenazas y a los riesgos del crimen trasnacional y el terrorismo, y la acentuada crisis migratoria. A&uacute;n m&aacute;s, durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os la obsecuencia con la violencia de parte de las elites ha ido al alza y por ello ha sido dif&iacute;cil imponer sanciones, aplicar la ley y derrotar la sensaci&oacute;n de impunidad que existe en la poblaci&oacute;n.&lt;/p&gt;
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&lt;li&gt;YUHUI, S. (2021). El c&aacute;ncer de la corrupci&oacute;n en Latinoam&eacute;rica: el caso Odebrecht. Gesti&oacute;n y pol&iacute;tica p&uacute;blica, 30(Extra-3). ISSN-e 1405-1079. DOI: http://dx.doi.org/10.29265/gypp.v30i3.974.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;ol class=&quot;easy-footnotes-wrapper&quot;&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-1-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;Seg&uacute;n el &Iacute;ndice de Paz Global, norte, centro y sur Am&eacute;rica son las regiones m&aacute;s violentas del planeta y, por ende, las menos pac&iacute;ficas, estando por sobre &Aacute;frica subsahariana o Asia Pac&iacute;fico (Instituto de Econom&iacute;a y Paz, 2021).&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-1-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-2-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;Este informe registra en Chile 831 ataques y 11 muertes por terrorismo en la &uacute;ltima d&eacute;cada. Se&ntilde;ala que en 2021 el n&uacute;mero de ataques terroristas creci&oacute; a 362, de los cuales la mitad fue adjudicada por grupos extremistas del sur del pa&iacute;s.&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-2-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-3-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;Un nuevo decreto de Estado de Excepci&oacute;n Constitucional de Emergencia se puso en vigencia en mayo de 2022 para la Macrozona Sur (Diario Oficial, 17 de mayo de 2022).&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-3-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-4-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;Chile convoc&oacute; a una Convenci&oacute;n Constitucional (julio 2021-julio 2022).&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-4-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-5-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;De hecho, en ambas triples fronteras del Cono Sur est&aacute; presente el Primer Comando Capital (PCC), mafia originaria de Brasil, agrupaci&oacute;n que si bien surgi&oacute; de las prisiones se transform&oacute; en una de las organizaciones criminales m&aacute;s grandes y poderosas de todo el continente americano (Samp&oacute; y Ferreira, 2020).&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-5-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-6-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;En 2020 y 2021, pese a la pandemia por coronavirus, progres&oacute; el mercado criminal de la inmigraci&oacute;n irregular promovida por bandas, probablemente en conexi&oacute;n con El Tren de Aragua, actor internacional de crimen organizado conocido en Sudam&eacute;rica por liderar la trata de personas y las extorsiones, corrompiendo &ndash;en los territorios donde opera&ndash; a las fuerzas policiales y a funcionarios p&uacute;blicos (territorio boliviano), y vulnerando espacios y zonas, que quedan en sus manos.&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-6-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-7-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;Esto ocurre de manera preferente en hombres j&oacute;venes, quienes son atra&iacute;dos a la subcultura de la violencia criminal, propia de pandillas, de grupos de tr&aacute;fico de drogas y del aprendizaje criminal transnacional visto y vivido en redes sociales, aprendida en su vida cotidiana y difundida en las inmediatas interconexiones reales y virtuales.&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-7-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-8-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;De hecho, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sostiene: &ldquo;la seguridad se ve amenazada cuando el Estado no cumple con su funci&oacute;n de brindar protecci&oacute;n ante el crimen y la violencia social, lo cual interrumpe la relaci&oacute;n b&aacute;sica entre gobernantes y gobernados&rdquo; (CIDH, 2009).&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-8-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-9-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;En la madrugada del mi&eacute;rcoles 7 de julio de 2021, el presidente de Hait&iacute;, Jovenel Mo&iuml;se, fue asesinado en su residencia particular luego de que un grupo de mercenarios armados le disparara 12 tiros con armas de alto calibre. Actualmente, las bandas delincuenciales intentan controlar zonas del pa&iacute;s, fruto de este vac&iacute;o de poder, logrando como consecuencia un aumento en los asesinatos, hurtos y secuestros.&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-9-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-10-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;Hay decenas de compa&ntilde;&iacute;as de seguridad trasnacionales y cientos de empresas en el continente que trabajan para los gobiernos y para altos ejecutivos y empresas. Las crisis de Hait&iacute;, Afganist&aacute;n o Irak son ejemplos de su labor. Para algunos son un peligro para la democracia, pero para otros son un apoyo invaluable pues llegan donde las polic&iacute;as y los ej&eacute;rcitos nacionales no son capaces de imponer su fuerza.&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-10-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-11-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;Las Rondas Campesinas, originarias de Cajamarca, Per&uacute;, pero extendidas a otras zonas del pa&iacute;s, surgieron como una experiencia de lucha contra Sendero Luminoso en los a&ntilde;os ochenta y noventa del siglo veinte. Resistencia que se transform&oacute; en una nueva concepci&oacute;n de justicia comunitaria que est&aacute; presente en la actualidad (Acu&ntilde;a, 2019), la que de todas maneras se puede concebir como una justicia al margen o en los m&aacute;rgenes del Estado.&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-11-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-12-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;El caso Odebrecht, de corrupci&oacute;n pol&iacute;tica al m&aacute;s alto nivel, involucr&oacute; sobornos, extorsiones y fraudes, con participaci&oacute;n acreditada de empresarios y pol&iacute;ticos de Brasil, Per&uacute;, Venezuela, Argentina, Ecuador, Guatemala y M&eacute;xico, entre otros: &ldquo;es posible confirmar que en algunos casos las alianzas pol&iacute;ticas como las conformadas desde Brasil con Per&uacute; y Venezuela fueron bastante productivas para la constructora. En &uacute;ltima instancia, la constructora Odebrecht supo leer las oportunidades en procesos electorales, como el del presidente Maduro de Venezuela o el expresidente Kuczynski de Per&uacute;&rdquo; (Yuhui, 2021, p. 258). Maduro habr&iacute;a recibido 35 millones de d&oacute;lares de parte de esta empresa para las elecciones de 2013.&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-12-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-13-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;Para mayor ahondamiento sobre la tesis de violencia estructural est&aacute; la conocida postura de B&ouml;hm (2015).&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-13-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-14-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;Si bien no se debe desconocer que la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica es un arma usada por la clase pol&iacute;tica del continente (usada por unos contra otros de variado signo pol&iacute;tico), los procesos contra estos l&iacute;deres han sido llevados a cabo por poderes independientes, sobre la base de sentencias judiciales y muchas veces con apoyo de organismos internacionales.&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-14-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li class=&quot;easy-footnote-single&quot;&gt;&lt;span id=&quot;easy-footnote-bottom-15-2297&quot; class=&quot;easy-footnote-margin-adjust&quot;&gt;&lt;/span&gt;Seg&uacute;n el Bolet&iacute;n Anual del Ministerio P&uacute;blico: en 2015 hubo 1.693 homicidios, en 2017 registr&oacute; 1.776 y en 2021 creci&oacute; a 2.427; en tanto, por delito de infracci&oacute;n a la ley de drogas: hubo 23.827 casos en 2015, luego 25.414 en 2017 y aument&oacute; en 2021 a 56.107. Adem&aacute;s, seg&uacute;n datos de Aupol de Carabineros, la cantidad de casos de secuestros a nivel pa&iacute;s es de 173 entre enero y mayo de 2022. La mayor cantidad de secuestros ocurri&oacute; en la regi&oacute;n Metropolitana, despu&eacute;s Valpara&iacute;so, Biob&iacute;o y en cuarto lugar Antofagasta. La mayor parte corresponder&iacute;a, preliminarmente, a la narcoextorsi&oacute;n entre bandas rivales.&lt;a class=&quot;easy-footnote-to-top&quot; href=&quot;#easy-footnote-15-2297&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ol&gt;]]></body></article></rdf:RDF>